¿El exceso de esperanza es malo?

El tema, en el fondo, es la esperanza… pero una esperanza bien puesta.

Porque una cosa es no aceptar la verdad y meternos en un mundo de ilusión —tipo: “no pasa nada, estoy perfecta, esto se arregla con agüitas y ya”
y otra cosa muy distinta es aceptar la realidad… y aun así sostener que sí puede haber un cambio.

Y para alguien con una condición crónica o seria, las dos puntas extremas son peligrosas:

  • Negar lo que está pasando (optimismo mágico): “esto no existe, con rezar ya, se va”.

  • Condenarnos de una vez (fatalismo): “listo, ya me morí, entonces no hago nada”.

Ninguna sirve.

Lo sano —y lo difícil— es lo del medio:
principio de realidad + principio de esperanza.

Tipo: “Esto nos está pasando.(aceptación).”
Pero también: “Dentro de ESO que me esta pasando puede haber matices.”

Porque sí: hay cosas que se pueden medir, hay síntomas, hay estadísticas, hay pronósticos… eso no se puede tapar con el dedo.

Pero también es verdad que no todo el mundo se puede medir con la misma vara, no somos iguales.

A veces la esperanza no es inventarnos otra realidad…
es elegir dónde ponemos el foco dentro de la realidad que sí existe.

Si el 60% de las personas termina de cierta forma, todavía hay un 40% que no.
Y nosotras podemos decir: “Ok, entendemos la estadística… pero vamos a intentar ser parte de esa minoría.”
No desde la fantasía, sino desde una decisión interna: vamos a hacer nuestra parte.

Y también entendemos por qué esto es complejo incluso para un médico.
Porque el médico tiene que ser fiel a la evidencia, a los estudios, a las probabilidades… y eso, muchas veces, sin querer, le baja el alma a la gente.

Pero hay un hueco enorme entre:

  • “No tenemos ni idea, entonces no hagamos nada.”
    y

  • “No tenemos ni idea… entonces probemos otras formas, exploremos, hagamos lo mejor posible.”

Y por eso a nosotras nos hace tanto sentido el tema de la aceptación.

Hay una idea que lo explica muy bien: la no aceptación se ve de dos maneras:

  1. Nos hundimos en el dolor: “esto es una m… no puedo más (victima)”.

  2. Nos resistimos a la realidad: “esto no me puede estar pasando, me niego”.

No es rendirnos.
Es decir: “Ok. Esto está pasando.”
Pero en el presente, con matices: hay días mejores, días peores, el cuerpo cambia, la experiencia cambia.

Y esa aceptación —paradójicamente— es lo que nos devuelve energía.
Porque dejamos de pelear con lo inevitable… y nos queda fuerza para hacer lo que sí podemos hacer.

Por eso creemos que la buena esperanza no es negación.
La buena esperanza es: ver la verdad de frente… y aun así elegir caminar.

Siguiente
Siguiente

¿Qué significa este vacío interno que siento, como si algo me faltara, a pesar de que todo está en aparente orden a mi alrededor?